lunes, 7 de septiembre de 2020

Emociones

"Las emociones no expresadas nunca mueren.
Quedan enterradas en vida y emergen más adelante de formas más desagradables."
(Sigmund Freud)



Hoy les propongo que hablemos de emociones. Ese campo tan extenso y a la vez tan desconocido.

Si definimos la palabra emoción encontramos que:
"Las emociones son estados afectivos que experimentamos. Reacciones subjetivas al ambiente que vienen acompañadas de cambios orgánicos -fisiológicos y endocrinos- de origen innato. La experiencia juega un papel fundamenta en la vivencia de cada emoción. Se trata de un estado que sobreviene, súbita y bruscamente, en forma de crisis más o menos violentas y más o menos pasajeras."

Entonces partiendo de esta definición (encontraremos muchísimas, justamente por la amplitud del concepto) la idea de hoy apunta a explorar un poco esa parte “no expresada”, esas emociones que vamos juntando, a veces sin darnos apenas cuenta porque la vida nos sumerge en una vorágine en la cual no queda mucho espacio. Y entonces cuando aparecen, las hacemos a un lado esperando que desaparezcan como por arte de magia. Algo que nos queda por decir y callamos, un enfado no resuelto, un dolor por una ofensa o tal vez expresar ese amor por alguien, o la felicidad que nos produce estar con esa persona. No siempre se esconden emociones negativas. Callamos también el amor, la alegría, la vulnerabilidad.

Pero no por ocultarlas desaparecen, y muchas veces ese cúmulo de emoción guardada comienza a manifestarse de muchas maneras. Una de ellas es a través del cuerpo. Podemos somatizar las emociones y enfermamos. No tiene que ser una enfermedad de gravedad, pero sí, hay síntomas físicos que aparecen. Dolores, cuadros de ansiedad, tristeza, problemas digestivos etcétera.

En estos meses tan complicados que hemos transitado, en mayor o menor medida tod@s hemos pasado por diferentes emociones. La propuesta es que nos cuentes -si te apetece- cómo las has gestionado, o cómo gestionas en general este campo esencial.
¿Qué te han enseñado? ¿Cómo has vivido el encierro? ¿Has aprendido algo nuevo sobre ti? 

Te esperamos!


                                                                                                                  Luna & Alma

lunes, 3 de agosto de 2020

Vacaciones


Pues sí, ha llegado la hora de descansar, de desconectarse de todo(s),
hasta de un@ mism@, como dice LunaRoja,
que es lo más difícil...
Nosotras te proponemos de hacerlo,
de tomarte un tiempo para contigo mism@,
comienza esa lectura que has dejado pendiente desde hace rato;
llama y visita a algún amigo que no ves desde ya tanto;
escucha música;
toma sol;
come algo sabroso...

...en fin, disfruta de la vida,
la que tienes.
Enfoca lo positivo y celébralo,
aquí estaremos el primer lunes de septiempre
para continuar con nuestros diálogos y reflexiones.

Te esperamos...
...felices vacaciones!!!



Alma y Luna

lunes, 6 de julio de 2020

UN HOMBRE Y UNA MUJER

"Hasta cierto punto, existe una parte de todos nosotros que vive fuera del tiempo. Quizás nos percatamos de nuestra edad solo en momentos excepcionales y, la mayoría de las veces, no tenemos una edad asignada."
(Milan Kundera)


Hace unas semanas, ví una película que me hizo reflexionar (en esta cuarentena forzosa que pasamos, hubo tiempo para todo). La película se llama: "LOS AÑOS MÁS BELLOS DE UNA VIDA". Es la secuela de otra titulada: "UN HOMBRE Y UNA MUJER" de Claude Lelouch y está protagonizada por los mismos actores cincuenta años más tarde.

Si en la primera parte la historia arranca cuando dos jóvenes viudos se conocen, se enamoran e inician una fugaz relación fulgurante e inesperada que parece no fructificar ante la imposibilidad de que ella olvide a su marido; en la segunda, vuelven a encontrarse 50 años después.

En la actualidad, él, un antiguo piloto de carreras, se pierde un poco por los caminos de su memoria. Su hijo entonces intenta ayudarle a encontrar a la mujer que su padre no supo guardar junto a él, pero a quien rememora continuamente. Cuando el encuentro se produce (lleno de flashbacks de la primera película) podemos ver el paso del tiempo en los dos protagonistas, los separan cincuenta años. Ambos son dos ancianos, ella llena de vida aún, marcada por los años pero conservando su belleza y su magnetismo. Y él, un anciano más deteriorado, con problemas de movilidad y memoria pero que mantiene esa sonrisa que aún conserva y lo hace reconocible.

El impacto, es muy fuerte. Porque al estar construida en los dos tiempos, es palpable el transcurrir de éste y la  huella que ha dejado. El reencuentro en este ahora, es amoroso y cuidado. Ella intenta hacerle recordar y vivenciar sitios y momentos que compartieron, a él le cuesta pero tiene momentos de lucidez donde la reconoce. Los dos tienen la oportunidad de cerrar círculos que quedaron abiertos del pasado. Pero ambos lo hacen desde un lugar tan respetuoso y generoso que me hizo pensar que quizás la vejez, aunque nos quite la belleza, el fulgor, el resplandor, nos dota de un estar presentes desde lo que es importante de verdad. Y además, que la belleza física aún perdura en algún punto de nuestro cuerpo. Unos ojos que brillan, una boca que lanza una sonrisa, unas manos arrugadas pero que mantienen el calor del amor. Ninguno ha perdido su esencia. Mantienen esa identidad que los enamoró. La vida les ofrece ese encuentro inesperado y ambos se entregan a él con felicidad y alegría.

Cuando terminó la película, me quedé pensando en que vivimos en una sociedad en la que los mayores se vuelven invisibles, a medida que vamos cumpliendo años se nos vende la eterna juventud y vamos desapareciendo. Detrás queda la sombra de la soledad o el abandono.

Por suerte creo que ahora eso está comenzando a cambiar lentamente. La vejez está dejando de ser un estigma, queda vida por delante, queda el amor por vivir, queda la curiosidad y el aprendizaje.

¿Te apetece dejar tu opinión? ¿Cómo llevas el paso del tiempo? ¿Te afecta? ¿Te sientes identificado con este argumento?


Luna & Alma

lunes, 8 de junio de 2020

En tu lugar

"Pero una cosa es cierta: no me atrevo a juzgarte. Sé que cuando uno ve las cosas desde afuera, cuando uno no se siente complicado en ellas, es muy fácil procalamar qué es lo malo y qué es lo bueno. Pero cuando uno está hasta el pescuezo en el problema (y yo he estado muchas veces así), las cosas cambian, la intensidad es otra, aparecen hondas convicciones, inevitables sacrificios y renunciamientos que pueden parecer inexplicables para el que sólo observa."
("La tregua", Mario Benedetti)


Hay personas que cuando se les cuenta algo tienden a pensar que se está buscando una respuesta, una solución a lo dicho; y entonces se suelen soltar frases del tipo: "sé cómo te sientes "; "sé por lo que estás pasando"; "yo en tu lugar..."; "lo mejor que podrías hacer..." ...y quien más tenga, más diga. Pero no creo sea esto lo que alguien busca cuando expresa lo que está pasando, lo que siente, lo que vive.

Y tal vez esto no sea ni siquiera la verdadera empatía... hace unos días escuchaba una charla de Marwan y en un momento dijo una frase que me hizo eco: "empatía sea tal vez vaciarse de uno para llenarse del otro" y, así, mirar con los ojos del otro. Y esto es tan, pero tan difícil de realizar.

Porque uno es sus circunstancias; uno es su historia, es todo lo vivido y que ha hecho que lleguemos a ese punto en el modo en que lo hicimos. Entonces, ¿cómo se puede suponer que puedo colocarme en el lugar del otro? ...es simple, no puedo. Porque, aún si dos viven la misma exacta situación, la experiencia no será la misma, ésta dependerá de quiénes somos, de todo lo antes vivido.

Tal vez deberíamos aprender a que no siempre debemos dar respuestas, porque nadie nos está haciendo preguntas. Tal vez sólo debemos escuchar, no simplemente oír lo que nos dicen... escuchar al otro; extenderle los brazos, brindarle un refugio donde hacer nido; recordarle a ese otro quién es, que todo pasará y que mientras tanto, puede contar con uno.

Alma & Luna

lunes, 11 de mayo de 2020

Los pilares del amor

"Todos conocemos a esa pareja que para nuestra admiración, lleva casi media vida compartiendo un mismo proyecto. Ahora bien, tal y como nos dicen los expertos en este tipo de terapias, más allá de los años en que se mantiene ese vínculo está la calidad del mismo. La clave por tanto está en la satisfacción percibida, en la capacidad de crecimiento y en toda esa serie de estrategias que hemos aprendido a desarrollar para sostener la relación para ser felices."
(Dolores Rizo, psicóloga)




La imagen que abre hoy este post, tiene nueve ítems, que representan los factores que hacen que una pareja funcione y se mantenga a lo largo del tiempo.

Son nueve vínculos que funcionan como una red que sostendrá la relación especialmente en los momentos menos buenos.

Si nos detenemos en ver cada uno de ellos, realmente ofrecen una imagen ideal de lo que es una pareja. Pero a veces no funcionan todos como un engranaje perfecto.

Hay situaciones, épocas, circunstancias, que a veces nos hacen tomar caminos diferentes, o desarrollos distintos. Durante el tiempo que dura la relación, la evolución de cada uno de los miembros de la pareja puede ser distinta. Sin embargo... ¿se puede seguir funcionando?

Una vez leí algo de Jorge Bucay (que no me gusta demasiado) que me hizo pensar y darme cuenta de que realmente la pareja es lo que él -haciendo una especie de juego- expresaba como que la pareja tiene tres miembros: Yo, tú y nosotros.

Los miembros de la pareja funcionarían como dos entes individuales, con sus historias previas que deben trabajarse cada uno,  que apuestan por un “nosotros” que es el proyecto común que los vincula. Si no hay desajustes entre esta “trilogía” todo fluirá y se cumplirán los nueve ítems que abren este post.

Nos encantaría saber qué mirada u opinión tienes acerca de esta propuesta, o acerca de lo que son las relaciones de pareja en general. ¿Crees que puede cojear una relación o terminarse si alguno de esos puntos deja de funcionar? ¿Crees que mantener tu individualidad en la pareja enriquece el vínculo?

Te dejo este enlace para que si te apetece leas algo más.

¡Te esperamos!



Luna & Alma

lunes, 13 de abril de 2020

Números

"Si el ser humano causa tanto dolor,
¿qué derecho tiene a quejarse cuando sufre?"
(Romain Rolland)


Creo que, como todos, estos días he estado pensando y mucho. Leo, no sólo libros y los blogs amigos, sino opinionistas, psicólogos, filósofos, abuelos, maestros... seres diferentes, con diferentes creencias, culturas, religiones, posiciones. Y escucho tanto hablar de números... ¡cuántos de estos invaden todos los discursos!

Y fue justamente leyendo uno de estos blogs amigos hace unas semanas (el de Ernesto), cuando me quedé reflexionando, hilvanando ideas, pensando en algunas cosas, como un puntapié inicial.

No es que quiera quitarle importancia a lo que está sucediendo, de ninguna manera, porque la tiene y mucha. Siempre he dicho que la pérdida de cualquier vida es mucho más de lo que se tendría que tolerar. Pero ¿por qué ahora estamos tan desesperados por estas muertes? ¿Por qué hoy los números nos asustan tanto? ¿Será porque ahora esta ruleta rusa tiene cargada más de una bala y nos puede tocar a cualquiera?

Por ello me recordé de una vieja publicidad argentina sobre el SIDA que, parafrasando a un viejo texto de Bertolt Brecht escrito en Berlín en 1933, se me parecía bastante a los tiempos que estamos viviendo (te dejo aquí la publicidad por si te interesa). Y ¡qué paradójico! ...un texto escrito por un exterminio, un holocausto; usado para hablar de un virus, otro virus, que afectó (y afecta) a millones de seres humanos, que a algunos se les “escapó” y que antes de pensar en el ‘bien común’, se dudó por el costo que esto implicaba... (analizar la sangre costaba un U$S1 y antes era mejor dejar que millones se contagiaran). ¿Qué hizo cambiar esa posición? ¿Ha realmente cambiado?

Ya que en el último mes parece que los números interesan por sobre manera... a finales del 2016 se calculaba que 36,7 millones de personas habían contraído el virus de HIV, siendo 1,6 millones sólo ese último año. En los últimos 16 años que llevo viviendo en Italia, no recuerdo la última campaña publicitaria de prevención de esta enfermedad, ni de sexo seguro ni nada. ¿Será porque el HIV no ataca al ciudadano europeo medio? (...no dejen de notar mi normal ironía). Y ¿si no habláramos de una ‘enfermedad’? Perfecto, otros números: se calcula que hasta el año pasado, morían alrededor de 8500 niños menores de 15 años por hambre. Sí, han leído bien, 8500. Pero claro, eso sucede en el continente africano y en América latina, no en las regiones más ricas de Europa. Y mucho menos escala el Empire State y aniquila esa ciudad con un estornudo... pero sucede y, lo peor de todo, es que en unos días, unas semanas, unos meses a más tardar, saldremos a la calle a festejar porque ha terminado el confinamiento, y todo volverá a la “normalidad”.

Y, en algún lugar del mundo, seguirán muriendo miles de seres humanos por la negligencia y la ambición de otros.


Alma & Luna



[En ningún momento es la intención de estas palabras “repartir” culpas ni mucho menos ‘rasgarse’ las vestiduras. Yo, Alma, soy tan parte del problema, cuanto otros; tan responsable como el que más. Soy de las que cree que todos y cada uno formamos este mundo en el que vivimos, y somos responsables de nuestras ideas y principios. Esto ha sido, como otras veces, una reflexión en voz alta a la cual los invito; ninguna verdad absoluta, y siempre abierta al diálogo. Cuídense mucho... mi cariño siempre.]

lunes, 23 de marzo de 2020

Si muero hoy

"Nadie quiere morir. Incluso las personas que quieren ir al cielo no quieren morir para llegar allí. Sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos; nunca nadie ha conseguido escapar. Y eso es lo que debería ser, porque la muerte es muy probable que se al mejor invención de la vida. Es el agente de cambio de la vida. Limpia lo viejo para dar paso a lo nuevo."
"Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que he encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones en la vida."
(Steve Jobs)


Hace un tiempo atrás, hablaba con amigos y en la charla, salió el tema de la muerte a raíz del fallecimiento de un conocido. En una edad en la que ya había vivido muchas etapas vitales y podía considerarse con una vida plena o, por lo menos, satisfactoria por lo que todos lo conocíamos. Pero aún así, y dada la época en la que vivimos, con una esperanza de vida mucho más larga que años atrás, podría haber vivido mucho más también.

Durante esa charla, pensé la siguiente pregunta que les planteé a mis amigos y que hoy quisiera dejarles a ustedes.

Si murieras hoy, ¿qué te quedaría pendiente?

Es decir, ¿cuántas cosas te quedarían por hacer?, ¿cuántos deseos por cumplir? o sencillamente ¿cuántas metas de las que te habías propuesto alguna vez?

En apariencia puede parecer una pregunta superficial pero no, no lo es. Y me quedé reflexionando luego desde mi propia voz interna. ¿Tanto me queda por cumplir? ¿Realmente hay cosas que no quiero dejar de hacer? Mis vivencias hasta ahora ¿han sido plenas y completan mi vida o mis aspiraciones?

Como soy de darle muchas vueltas a las cosas, intenté ser honesta conmigo y decirme las cosas claramente. El resultado me dejó entre tranquila y preocupada, aunque parezca un contrasentido. Porque mi respuesta era que si hoy muriera, creo que he hecho y he vivido mucho más de lo que jamás hubiera pensado o soñado. Está claro que, podría añadir más viajes, más retos, más metas. Pero eso no es algo que premeditadamente haya estado presente y pendiente en mi “línea o proyecto de vida”.

Y en estos días que todos estamos viviendo, donde la incertidumbre y la angustia, tal vez, empiezan a ganar terreno en nuestras cabezas, quisiera preguntarte: "Si murieras hoy, ¿qué te quedaría pendiente?". Pero te repito, no es un listado de cosas que te apetecería hacer... sino pensar, reflexionar, si realmente hay algo que hayas dejado, aplazado por mucho tiempo, hasta abandonado; algo como para poder decir: "podría irme sin cosas por vivir o resolver" o, en cambio, "estoy seren@, porque he vivido".


Luna & Alma


lunes, 2 de marzo de 2020

Volver...

Qué difícil resulta a veces "volver". No porque uno haya perdido el camino, porque no lo recuerde, porque no lo desee; simplemente porque un día se detiene y mirando atrás, no está seguro del porqué o por quién lo haría, aún queriendo hacerlo. Y en esa indecisión transcurre otro tiempo en el que, inevitablemente, se ha continuado a ir hacia adelante; entonces parece que estuvieras cada vez más lejos.

Creo que es así como me he sentido todos estos últimos meses. Y si hablo al singular es porque, si bien este espacio es de dos, dos mujeres, dos amigas, el verdadero y único motivo de tanto silencio fue que yo, Alma, no pude más. Las circunstancias que se me presentaron el año pasado fueron -y en parte aún lo son- bastante complicadas... Estuve a punto de rendirme y abandonar todo, así, sin más. A pesar y a costo de... en ese momento no me importaba. Pero (y esta vez agradezco que haya un "pero"), tuve personas a mi lado, física y emocionalmente, que no me dejaron caer. Entre ellas -no estaré aquí a nombrarlas una por una, ellos saben quiénes son-, mi hermosa LunaRoja, que estuvo a cada momento, para cada mínima cosa... y fue ella que decidió (yo no tenía la claridad para hacerlo) de cerrar el blog "por vacaciones", sólo que éstas se prolungaron más de lo que habíamos pensado en un principio.

Y ahora, por mí, por ella, por todos los que cada tanto han pasado por aquí en todos estos meses... es tiempo de volver. Volver a encontrarnos; volver a tomarnos un tiempo para reflexionar juntos; volver a conversar de esta forma tan singular y compartir nuestras ideas, nuestras opiniones. Volver... simplemente volver... sin citas fijas, sin límites de ningún tipo, sin "deberes"; nos encontraremos de vez en cuando, nos sentaremos con una taza de té y escucharemos qué tienes para contarnos y así, juntos, nos regalaremos lo más valioso que tenemos... nuestro tiempo.

Ahora les dejo un regalo, para todos y cada uno de ustedes, y sin dudas, para vos Ale...

"Hay gente que te la hace fácil. Que te allana el camino. Que te corre las piedras que vos no viste porque estabas demorada en otro pantano.
Gente que festeja tu sonrisa. Que te pone una manta, porque como tiene frío, se adelanta al tuyo. Gente que te escucha con el corazón y mirándote a los ojos. Gente que no le importa gastar un minuto en discutir algo que no le suma a ninguna de las dos partes. Gente que te cuida. Te valora y te respeta, sobre todo cuando estás ausente. Es gente que te quiere sin vueltas. Sin enrosques. Sin pedido de facturas ni reproches. Gente que te elije por tu compañía. Por quién sos. Porque acepta tu herida y tu belleza. Gente buena. Gente que vuela con tu vuelo y te recuerda los tres deseos que te tocan para tu cumpleaños.
Gente que alimenta tu alma. Sana. Cura. Salva.
Esa gente se vuelve imprescindible. Se cuida como oro. Esa gente es necesaria y uno tiene que valorara cuando está. Y no cuando hace falta.
A esa gente se la ama. Punto."

(Lorena Pronsky)

Gracias a ustedes que son 'esa gente' y que, tal vez sin saberlo, me han salvado.
¿Volvemos?

Alma & Luna


lunes, 1 de julio de 2019

Vacaciones!

No hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado,
para darte cuenta de cuánto has cambiado tú.
(Nelson Mandela)

No es la cantidad de tiempo que pasas en un lugar
lo que lo hace memorable;
es la forma en la que pasas el tiempo.
(David Brenner)



Querid@s amig@s:
Es hora de tomarnos un respiro, ha sido un año lleno de momentos felices y otros no tanto.
La alegría de compartir con ustedes estos momentos de reflexión, opiniones y aprendizaje es el mejor de los regalos.
Cerramos un tiempo para recargar las energías y volver como dice la frase de Mandela, cambiadas y renovadas.
¡Un fuerte abrazo para tod@s!
¡Gracias por acompañarnos siempre!

                                                                                Luna & Alma (y viceversa)

lunes, 24 de junio de 2019

Juntos o separados


“Mientras más se aleje una sociedad de la verdad,
más odiará a aquellos que la proclaman.”
(George Orwell)


Leyendo la cita y observando el mundo que nos rodea, ¿cómo podría no creer que es terriblemente cierta?

A veces, cuando veo que todo es una cuestión de “bandos”, pierdo la esperanza que esto, que la sociedad en la que vivimos, tenga arreglo. Porque lamentablemente, a eso se ha reducido todo. Eres de izquierda o de derecha, de arriba o de abajo, blanco o negro. Y claro, si te gustan las ideas socialistas no puedes estar de acuerdo con ningún tipo de autoridad. Si usas “uniforme”, no puedes ser amigo de un joven hippie. Si eres empresario no almuerzas con operarios. Si eres un obrero no juegas al golf. Y el símbolo del yin y el yang es sólo eso, un símbolo; algo abstracto y, tal parece, obsoleto.

Cuesta aceptar que lo que nos gusta, lo que creemos, lo que sostenemos de algún modo, pueda tener fallas, pueda no ser “perfecto”. Es como si un católico no admitira los horrores que ha cometido la Iglesia en nombre de Dios. Es más fácil, agredir y ponerse contra quienes –tal vez– nos enfrenten a esas cuestiones, esas ‘verdades’. No sea caso de revisar las propias convicciones o creencias, admitir que no todo es una cuestión de equipos, de adversarios; y que, la única manera de que una sociedad funcione, es que tomemos la parte mejor de todas y cada una de las posiciones... ¿no crees?

Alma & Luna

lunes, 17 de junio de 2019

Formas de amar

Abrir el corazón para dejar fluir el amor auténtico, que proviene de nuestra esencia espiritual, implica tener una actitud de bondad, de dar bien, de bien dar: desear el bien y bienestar en pensamientos para el bien, palabras para el bien, sentimientos para el bien, acciones para el bien, es decir con “buena voluntad.”

(Texto tomado del libro “Milagros para todos” de Vivian Solis)


Cuando hablamos de amor, se abren varios caminos para poder definirlo ¿no es así? A veces creemos que el amor “llega”, que nos toca, como si nosotr@s no tuviéramos nada que ver con eso. Amamos y nos aman.

Sin embargo, cuando leí la frase que abre este post en la imagen, me di cuenta de que en muchas ocasiones se abría debate acerca de esto: ¿El amor se demuestra con hechos? ¿El amor se demuestra con palabras?

Supongo que habrá personas que son menos expresivas, y que demostrarán con sus hechos el amor que sienten. Otras, necesitarán decirlo, necesitarán oírlo, necesitarán la palabra que los abrace. Yo creo que ambas opciones forman parte del amor, por decirlo de una manera coloquial. Demostrar con hechos o con palabras, es la única forma que conocemos para poder manifestarlo.

Cada un@ lo siente o lo percibe de manera personal y única. No existen las comparaciones. No sólo en relaciones de pareja. Pienso en los hijos por ejemplo, cada uno es diferente por más que hayan sido educados de la misma forma. Cada uno manifestará su amor según su percepción interna, su carácter, su forma de ver a sus padres en este caso.
Como individuos también se manifestarán en el amor de diferentes maneras.

Te invitamos a que nos dejes tus palabras. ¿Amas demostrando con hechos? ¿Amas con palabras? ¿Cómo te sientes más “amado”; con hechos o con palabras?
                                                                                                          Luna & Alma




lunes, 10 de junio de 2019

Tiempo libre


“Estamos atrapados en la cultura de la prisa y de la falta de paciencia. Vivimos en un estado constante de hiperestimulación e hiperactividad que nos resta capacidad de gozo, y nos roba la posibilidad de disfrutar de la vida.”
(Carl Honoré)

El viernes pasado, por estos lares se ha terminado el año escolar. Sólo habían pasado un par de minutos desde lo que sería el último mediodía delante la puerta de la escuela, cuando un niño de apenas ocho años, miró a su madre y preguntó: “¿y ahora, qué haré?”

Juro que me dejó perpleja. Me quedé pensando en una infinidad de cosas. Entre ellas el hecho inconcebible que un niño se sintiera “perdido” porque se encontraba sin un programa de actividades. ¿Cuándo fue que nos llenamos de cosas por hacer? ¿Cuándo fue que perdimos la capacidad de “no hacer nada”?, ¿de permanecer a contemplar lo que nos rodea y basta?, ¿o de improvisar según el momento, las ganas y la compañía?

Entonces presté más atención a estas mamás que allí se encontraban, y ellas estaban más preocupadas que los propios hijos. Junto a la escuela terminaban las lecciones de natación, de atlética, de danza, de inglés, los encuentros de catequesis, los de fútbol... y una interminable lista de ocupaciones. No pude evitar recordar mi propia infancia, iba a la escuela por la mañana, y tenía alguna actividad extraescolar por la tarde, pero nunca me angustió la perspectiva del tiempo libre sin un programa minuciosamente programado. Menos aún cuando fui madre. Siempre creí que todos necesitamos un tiempo sin “obligaciones”, sin compromisos adquiridos con anticipación. Un tiempo sin “nada para hacer”. Sobre todo cuando se es niñ@, porque creo que de ahí nazca la creatividad, la curiosidad por descubrir.

Si estamos todo el tiempo ocupados, con actividades prefijadas y compromisos varios, ¿cuándo es el momento para estar con nosotros mismos? ...para pensar, para reflexionar, para dejarnos sentir.

Alma & Luna

lunes, 3 de junio de 2019

La delgada línea entre deseo y necesidad

“(...)
En la mente de las personas maduras hay una especie de línea imaginaria que distingue claramente entre «deseo» y «necesidad». Desgraciadamente, muchos confundimos con frecuencia ambos conceptos. Un deseo es algo que «me gustaría» ver cumplido, pero que «no necesito». En cambio, una necesidad es algo sin lo cual realmente NO puedo funcionar. La realidad –lo mires por donde lo mires– es que las necesidades del ser humano son la bebida, la comida y la protección frente a las inclemencias del tiempo (si es que el lugar donde vives es inclemente). Nada más. Es bueno tener deseos, es natural. Deseamos poseer cosas, divertirnos, estar cómodos, que nos amen, hacer el amor..., y todos esos deseos son legítimos, siempre y cuando no los transformemos supersticiosamente en necesidades. Y es que los deseos causan placer. Las necesidades inventadas producen inseguridad, insatisfacción, ansiedad y depresión. Sin embargo, parece que las personas tenemos una fuerte tendencia a crear necesidades ficticias a partir de deseos legítimos.
(...)"
(“El arte de no amargarse la vida”, Rafael Santandreu)




Si leemos con atención este párrafo, quizás a primera vista suene demasiado “básico” o “superficial”. Nos preguntaremos como se puede sintetizar algo que nos llevaría horas poder definir, entender, resumir y por fin extraer alguna conclusión, porque visto así, de esta manera tan lineal parece tan simple que nos hace pensar como no nos damos cuenta y como es que vivimos sumid@s, en una interminable sucesión de “necesidades” que nos vamos o nos van creando (y nosotros lo permitimos desde nuestro “piloto automático vital”).

Si yo pienso por ejemplo en que hace alrededor de diez o doce años, no tenía teléfono móvil, much@s se preguntarían: Pero ¿cómo?; ¿cómo podías estar sin “estar comunicada”? O... ¿cómo era tu vida sin móvil? (Esto es obviamente un poco exagerado; pero, no va descaminado, porque de verdad ahora mismo no me planteo dejar de tener móvil).

He aquí el ejemplo que encontré más adecuado para lo que se plantea en este post.

Nadie al día de hoy, se puede imaginar sin móvil. Sin embargo... ¿es una necesidad? ¿Es algo básico en nuestra vida? ¿Podríamos vivir sin móvil? Este aparatito nos ata, nos esclaviza muchas veces, nos hace estar desconectados con el resto del mundo y en muchos casos, desconectados de la vida. (Hay infinidad de ejemplos obviamente: “No puedo vivir sin pareja”, “ No me imagino la vida sin...” “Me muero si me echan del trabajo...” y un extenso listado de tips que solemos utilizar a diario).

Sin embargo, en el otro extremo está el deseo: tal y como explica el párrafo introductorio, éste es algo que nos ilusiona, que nos gustaría tener, pero que sin él podemos vivir y seguir llevando nuestra vida cotidiana. No modifica nada. Podemos ponernos el objetivo de cumplir nuestro deseo sin que se nos vaya la vida en ello o que eso nos impida ser felices. El deseo puede ser estimulante y que nos impulse a superarnos y conseguir logros.

¿Te apetece compartir tu opinión? ¿Encuentras  ejemplos en tu vida diaria? ¿Te creas muchas “necesidades innecesarias”?

¡Te esperamos!
Luna & Alma

lunes, 27 de mayo de 2019

Diversidad


“La plaga de la humanidad es el miedo y el rechazo de la diversidad: el monoteísmo, la monarquía, la monogamía. La creencia de que sólo hay una manera de vivir, sólo una forma de regular el derecho religioso, político, sexual, es la causa fundamental de la mayor amenaza para el ser humano: los miembros de su propia especie, empeñados en asegurar su salvación, seguridad y cordura.”

En la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, se lee: “Todos los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos.” Pero entonces, ¿somos iguales o diversos?

La respuesta es simple... somos todos diversos. Todos tenemos diversas culturas, una diversa educación, diversos gustos, diversas actitudes frente a la vida, etcétera, etcétera. Y es aquí donde se ve que la igualdad vive en la diversidad; porque no debemos buscar los “puntos en común”, esos valores que podemos llegar a compartir; sino lograr la convivencia aún con valores diversos.

Porque hablamos de diversidad y no de diferencias. Ninguna diferencia es aceptable, porque las ‘diferencias’ crean desigualianzas desde el momento que se inicia a ‘qué es mejor que...’. La diversidad, en cambio, gana y se alimenta de la del otro; por ello, mientras las diferencias dividen, la diversidad une a todos.

Esto se logra con un concepto primordial: respeto. Respeto hacia el otro, hacia lo que el otro cree, piensa, se expresa, le gusta... aún si todo esto no nos pertenece, no hace parte de nosotros. De este modo lograremos avanzar como sociedad, como raza “humana”, cuando podamos convivir unos con otros a pesar de y gracias a nuestra diversidad. Esto es lo que se debería pretender de cualquier principio de igualdad; no homologar sino coexistir dentro la diversidad.

Recuerda lo que decía Linus (Snoopy): “Sólo siendo diversos podemos estar juntos; porque un rompecabezas no se arma con piezas iguales.”

¿Tú que piensas? ¿Aceptas aquello que es diferente a lo ‘tuyo’? ¿Lo respetas realmente?

Alma & Luna

lunes, 20 de mayo de 2019

Eres realmente positivo?

“Hay quien ve la vida de color rosa constantemente,
sin embargo,
¿se puede ser siempre positivo?
¿Es sano? ¿No supone vivir en una nube irreal?
¿Qué significa realmente ser optimista?”

(Alex Blancafort)



Cuando leí este artículo enseguida pensé que sería ideal para plasmarlo aquí en este rincón donde podemos fluir con nuestros pensamientos y emociones.

Desde hace tiempo ya, nos hemos sumergido en una nueva corriente de la emoción, en donde el mensaje es algo así como “ser positivo a toda costa” si estás enferm@, si estás en crisis, si estás atravesando un período oscuro o doloroso... Si eres positiv@, todo se solucionará. Pareciera un truco de magia o como si por arte de la misma, todo se convierte y se sana.

Esto nos genera una ansiedad añadida al proceso doloroso que estemos pasando, porque encima tenemos que “ponerle al mal tiempo buena cara” ser positivos a costa de todo. Es demasiada presión si estamos transitando algún problema importante.

Hace poco una persona conocida con una grave enfermedad me dijo: “Soy positiva, le pondré garra y fuerza, yo voy a poder con esto, etcétera, etcétera...”. En algún punto sentí que esa frase encerraba todo el miedo, toda la angustia y la desesperación de no saber qué iba a pasar con ella.

Le dije que no se añadiera más presión intentando ser fuerte y positiva, que eso estaba genial, pero que, en los momentos que sintiera que el suelo se movía bajo sus pies, se permitiera vivir el dolor, el miedo, o lo que surgiera. Que dejara salir todas esas emociones, por más nefastas que fueran.

Porque yo creo que ser positiv@ no es ocultar lo que sentimos “negativamente” porque esos sentimientos quedan atrapados dentro de nosotr@s.

Es más, se dice que es saludable dejarlos salir, manifestarlos, porque es una manera de darles luz y verlos cara a cara. Una vez vistos, expuestos y reconocidos, entonces sí podremos encarar el proceso con positivismo. Partiendo de lo que hay y de lo que tenemos en las manos, y no como una especie de acto mágico que nos sacará de eso.

“Optimista es quien percibe lo bueno de cada circunstancia y quien a partir de esa percepción es capaz de optimizar las posibilidades que cada situación plantea.” (Extraídodel artículo)


Te invitamos a que nos cuentes qué opinas. ¿Eres realmente positiv@? ¿Te manejas bien en los momentos donde es complicado ser positiv@?

Luna & Alma

lunes, 13 de mayo de 2019

Lo que nos estamos perdiendo


“Un viernes de enero del 2007, un hombre entra a la estación de trenes de Washington. Extrajo su violín y empezó a sonar. Lo hizo por casi cuarenta y cinco minutos, en los cuales ejecutó seis obras de Bach.
Durante este tiempo, ya que era la hora de punta, se había calculado que miles de personas habrían pasado por allí, muchas camino a su trabajo.
Luego de unos minutos, un hombre maduro se dió cuenta que un músico estaba tocando; empezó a caminar más despacio y se detuvo por unos segundos. Luego se apuró, para recuperar ese ‘tiempo perdido’ seguramente.
Después de unos minutos más, el violinista recibe su primer dolar de propina: una mujer arrojó el dinero en el estuche del violín y sin siquiera detenerse continuó a caminar.
Pocos minutos más tarde, un hombre se apoyó a la pared para escucharlo, pero enseguida miró su reloj y comenzó a caminar.
Quien prestó más atención fue un niño de aproximadamente 3 años. Su madre tiraba de su mano, aún así el niño se detuvo a escuchar. Finalmente la madre consiguió llevárselo y éste empezó a caminar girando la cabeza durante todo el trayecto.
Este comportamiento lo repitieron varios niños; y todos, todos los padres sin excepción, los forzaron a continuar.
En los cuarenta y cinco minutos que el violinista tocó, sólo seis personas se detuvieron y quedaron un momento escuchándolo. Alrededor de veinte le dieron dinero, pero continuaron  caminando normalmente.
Cuando terminò de tocar y volvió el silencio, ninguno se dió cuenta. No hubo aplausos ni reconocimientos.”
Sobre el final de esta insólita actuación, se acercó una mujer. Lo había reconocido. El violinista era Joshua Bell, uno de los más grandes y talentosos músicos del mundo. Ella lo sabía bien, tres semanas antes lo había visto en un concierto organizado en la Biblioteca del Congreso, donde la entrada costaba U$S100.


Ese día, Joshua Bell tocó una de las piezas más complejas jamás escritas, con un violín Stradivarius del valor de tres millones y medio de dólares; y en esos cuarenta y cinco minutos, en el estuche de ese violín, recogió 32 dólares.

Todo esto fue organizado por el periódico Washington Post, como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de las personas. La pregunta era: ¿en un ambiente común, a una hora inapropiada, percibimos la belleza?; ¿nos detenemos para apreciarla?; ¿reconocemos el talento en un contexto inesperado?

Pero tal vez, la verdadera pregunta sobre la cual deberíamos reflexionar es: si no tenemos un momento para detenernos y escuchar a uno de los mejores músicos del mundo, tocando una de las melodías más maravillosas jamás escritas, ¿cuántas cosas nos estamos perdiendo?

Alma & Luna

lunes, 6 de mayo de 2019

Espiritualidad

“Espiritualidad es estar despierto. Desprenderse de las ilusiones. Espiritualidad es nunca estar a la merced de acontecimiento, cosa o persona alguna. Espiritualidad es haber hallado la mina de diamantes dentro de usted.”




Nos gustaría abordar hoy un tema que como siempre, deberíamos charlarlo entre tod@s alrededor de una mesa, con café, con unas copas, y al abrigo del diálogo. Es bastante complejo resumir o poder enfocar el tema de la espiritualidad en un post que no debe ser demasiado extenso, poder centrar el enfoque y que no sea aburrido.

Desde siempre, espiritualidad y religión estuvieron conectadas, o relacionadas por lo menos. Sin embargo, yo creo que son dos conceptos distintos.

Como much@s de nosotr@s, fui educada en la religión católica a pesar de que en mi casa nunca se practicó activamente. Con el correr de los años, comencé a tocar otras filosofías, por curiosidad, por querer saber más, por instinto. Descubrí entonces, que en general las religiones 'te atan' porque te condicionan a cumplir ciertos preceptos, ciertas reglas, que en definitiva tienden a reprimir o a censurar si no las cumples (y de paso a culpabilizarte siempre). Esto comenzó a chirriarme en la adolescencia, sobre todo viendo lo que había a mi alrededor con el tema de la dictadura en Argentina y la participación activa de la Iglesia en este genocidio.

Personalmente siempre me sentí conectada a algo que sentía superior, no sabía cómo llamarlo. Decidí que no lo iba a etiquetar, sino que iba a seguir intentando descubrir hacia donde me llevaba sentir esto.

Aprendí, después de leer bastante y de practicar alguna filosofía, que había ido rescatando lo que para mí era mejor, y que me servía en mis propios procesos. Aprendí también a conectar conmigo, a sentirme, a mirar mi corazón, a reconocerme como parte del Universo.

Hay algo de orden sagrado en la naturaleza, en sus enseñanzas, en lo que nos manifiesta en cada ciclo vital. Hay algo sagrado cada vez que te sientas en silencio e intentas escucharte sin todo el ruido exterior que solo te confunde. Hay algo sagrado cada vez que te conectas con el otro, desde tu corazón, desde el no-juicio.

No practico ninguna disciplina, ni religiosa ni filosófica. Me sirve lo que puedo aplicar a mi vida diaria, lo que sienta que me eleva y me ayuda a ser agradecida. (Muchas veces con mayor o menor acierto, obviamente). No sólo en los buenos momentos, sino también en los procesos de dolor, en las crisis. Aprendí que cada crisis aparece para que aprenda algo y siga mi camino.

No sé, si esto que escribo resume un poco la propuesta de esta semana. No sé si es clara, o si es correcta... Tal vez no haya podido definir lo que intento poner aquí hoy sobre la mesa. Pero nos encantaría que hablaras sencillamente de lo que sientes tú como espiritualidad... -quizás sea sentir y no pensar en lo que es-; ¿relacionas tú, cualquier religión a la espiritualidad? ¿Tiene que ver la fe? ¿En qué crees si crees en algo?

¡Te esperamos!
Luna & Alma

lunes, 29 de abril de 2019

Defensas

“Cuando tratas de defenderte estas dando demasiada importancia a las palabras de los otros y das más fuerza a sus opiniones. Si aceptas el no defenderte estás mostrando que las opiniones de los demás no te afectan, que ‘escuchas’. Que son simplemente opiniones y que no tienes que convencer a los otros para ser feliz.
Tu silencio interno te vuelve sereno.
Practica el arte de no hablar.
Progresivamente desarrollarás el arte de hablar sin hablar y tu verdadera naturaleza interna reemplazará tu personalidad artificial dejando brotar la luz de tu corazón y el poder de la sabiduría el “noble silencio”.
Respeta la vida de los demás y de todo lo que existe en el mundo.
No trates de forzar, manipular y controlar a los otros.
Conviértete en tu propio maestro y deja a los demás ser lo que son o lo que tienen capacidad de ser.
Instálate en el silencio y la armonía de todo el universo”
(Thích Nhất Hạnh)


No sé si alguna vez les ha pasado, a mí sí... alguien dice o hace algo que nos deja como lo que no somos; y entonces, automáticamente comenzamos a “defendernos”. Empezamos a explicarnos; desarrollamos nuestras ideas, nuestras creencias, nuestros modos. Argumentamos posiciones y probamos, a veces hasta el cansancio, a demostrar que no somos como nos han reflejado. Y la pregunta es ¿por qué? ¿para qué?

Porque habrá veces que el otro o la situación en sí, vale la pena; pero otras muchas no. Y entonces ¿por qué desgastarnos en ese tipo de situaciones? Si uno sabe cómo es o no es, o cómo y porqué actúa de la forma que lo hace; sus razones y, en el mejor de los casos, en las consecuencias de cada gesto... ¿por qué tantas explicaciones?; ¿por qué tratar que el ‘otro’ nos vea como nosotros queremos nos vea?; ¿en todas esas situaciones ese otro realmente vale la pena, es así de importante? Yo no creo, y entonces ¿qué puede importar lo que opine?

En muchas situaciones he empezado a optar por el silencio, ya no pierdo tiempo en ‘convencer’ a nadie, no doy más explicaciones... porque como dicen por ahí también: “No expliques tanto; los amigos no las necesitan, muchos no las entienden y, muchos más aún, no las creen.”

Alma & Luna

lunes, 22 de abril de 2019

El lado oscuro de las emociones

“Si hablamos de emociones buenas y emociones malas, les damos una valoración moral que nos impide comprender su razón de ser. Y ésta es una lección inadecuada que aprendemos desde niños.
El problema es que cuando pienso que una emoción es mala, tiendo a eliminarla, así que me pierdo la posibilidad de aprender lo que tiene para enseñarme, y entonces en lugar de aprovecharla sólo la padezco.”
(Dr. Norberto Levy)

Desde que llegamos al mundo, recibimos el mensaje tácito de que las emociones negativas no son buenas, no hay que manifestarlas (no llores, no te enfades, no grites, etcétera, etcétera...)
Aprendemos de nuestras figuras de autoridad, padres, abuelos, maestros que “ocultarlas” es lo correcto. Ser buenos, expresar alegría, comunicarnos, es lo que todos deberíamos hacer. Y es entonces que empezamos a “luchar” contra estas emociones que son tan naturales e importantes como las otras. Nos acostumbramos a “tapar” a disimular y a no reconocernos en esas facetas. Socialmente no está bien. Sin embargo, estas emociones, pueden ser tan sanadoras como las otras. Es decir, desde el momento en que las reconocemos y podemos gestionarlas, se propicia el cambio, y se “reconvierten” en algo más constructivo.

Leo esto por ejemplo acerca de la rabia:
"La rabia, cuando es permitida, funciona como un propulsor que te impulsa, irremediablemente, a actuar; produce fuego y con él se transforma la emoción en sí en una acción que, sin duda, te llevará más allá de donde estabas."


¿Porqué no dejarla salir? Poder gritar, o expresar tu rabia ante una injusticia, ante algo que te lastima, o te enfada.
Y también me pregunto por el miedo, por los celos (como ya hemos hablado hace poco aquí), por el asco, el enfado o la tristeza. Si aprendemos a gestionarlas, ¿no serán herramientas que nos ayuden a salir de situaciones adversas?

Emociones que al darles visibilidad pueden llevarnos a tomar decisiones postergadas, terminar con historias que nos hacen daño, poner nuestros límites, o colocarnos posicionados de otra manera ante el mundo. Emociones que solemos reprimir porque no están bien vistas, con lo cual cuanto más las reprimimos más crecen y en algún momento explotarán como una olla a presión, saltará todo por el aire, nos dañará aún más, o terminará enfermándonos.

Aceptarlas es darles el lugar que tienen en nosotr@s, es nuestra sombra que nos encargamos de ocultar. Pero desde el momento en que las integramos, las escuchamos e intentamos comprender qué mensaje quieren darnos en vez de luchar contra ellas y reprimirlas, dejarán de estar en la sombra.

Te proponemos un viaje a tu interior, a mirarte en esa zona que no se suele mostrar.
¿Te identificas con este post? ¿Cuál es tu emoción negativa predominante?
¿Quieres comentar lo que piensas o sientes?
¡Te esperamos!

                                                                                                                        Luna & Alma