lunes, 20 de mayo de 2019

Eres realmente positivo?

“Hay quien ve la vida de color rosa constantemente,
sin embargo,
¿se puede ser siempre positivo?
¿Es sano? ¿No supone vivir en una nube irreal?
¿Qué significa realmente ser optimista?”

(Alex Blancafort)



Cuando leí este artículo enseguida pensé que sería ideal para plasmarlo aquí en este rincón donde podemos fluir con nuestros pensamientos y emociones.

Desde hace tiempo ya, nos hemos sumergido en una nueva corriente de la emoción, en donde el mensaje es algo así como “ser positivo a toda costa” si estás enferm@, si estás en crisis, si estás atravesando un período oscuro o doloroso... Si eres positiv@, todo se solucionará. Pareciera un truco de magia o como si por arte de la misma, todo se convierte y se sana.

Esto nos genera una ansiedad añadida al proceso doloroso que estemos pasando, porque encima tenemos que “ponerle al mal tiempo buena cara” ser positivos a costa de todo. Es demasiada presión si estamos transitando algún problema importante.

Hace poco una persona conocida con una grave enfermedad me dijo: “Soy positiva, le pondré garra y fuerza, yo voy a poder con esto, etcétera, etcétera...”. En algún punto sentí que esa frase encerraba todo el miedo, toda la angustia y la desesperación de no saber qué iba a pasar con ella.

Le dije que no se añadiera más presión intentando ser fuerte y positiva, que eso estaba genial, pero que, en los momentos que sintiera que el suelo se movía bajo sus pies, se permitiera vivir el dolor, el miedo, o lo que surgiera. Que dejara salir todas esas emociones, por más nefastas que fueran.

Porque yo creo que ser positiv@ no es ocultar lo que sentimos “negativamente” porque esos sentimientos quedan atrapados dentro de nosotr@s.

Es más, se dice que es saludable dejarlos salir, manifestarlos, porque es una manera de darles luz y verlos cara a cara. Una vez vistos, expuestos y reconocidos, entonces sí podremos encarar el proceso con positivismo. Partiendo de lo que hay y de lo que tenemos en las manos, y no como una especie de acto mágico que nos sacará de eso.

“Optimista es quien percibe lo bueno de cada circunstancia y quien a partir de esa percepción es capaz de optimizar las posibilidades que cada situación plantea.” (Extraídodel artículo)


Te invitamos a que nos cuentes qué opinas. ¿Eres realmente positiv@? ¿Te manejas bien en los momentos donde es complicado ser positiv@?

Luna & Alma

lunes, 13 de mayo de 2019

Lo que nos estamos perdiendo


“Un viernes de enero del 2007, un hombre entra a la estación de trenes de Washington. Extrajo su violín y empezó a sonar. Lo hizo por casi cuarenta y cinco minutos, en los cuales ejecutó seis obras de Bach.
Durante este tiempo, ya que era la hora de punta, se había calculado que miles de personas habrían pasado por allí, muchas camino a su trabajo.
Luego de unos minutos, un hombre maduro se dió cuenta que un músico estaba tocando; empezó a caminar más despacio y se detuvo por unos segundos. Luego se apuró, para recuperar ese ‘tiempo perdido’ seguramente.
Después de unos minutos más, el violinista recibe su primer dolar de propina: una mujer arrojó el dinero en el estuche del violín y sin siquiera detenerse continuó a caminar.
Pocos minutos más tarde, un hombre se apoyó a la pared para escucharlo, pero enseguida miró su reloj y comenzó a caminar.
Quien prestó más atención fue un niño de aproximadamente 3 años. Su madre tiraba de su mano, aún así el niño se detuvo a escuchar. Finalmente la madre consiguió llevárselo y éste empezó a caminar girando la cabeza durante todo el trayecto.
Este comportamiento lo repitieron varios niños; y todos, todos los padres sin excepción, los forzaron a continuar.
En los cuarenta y cinco minutos que el violinista tocó, sólo seis personas se detuvieron y quedaron un momento escuchándolo. Alrededor de veinte le dieron dinero, pero continuaron  caminando normalmente.
Cuando terminò de tocar y volvió el silencio, ninguno se dió cuenta. No hubo aplausos ni reconocimientos.”
Sobre el final de esta insólita actuación, se acercó una mujer. Lo había reconocido. El violinista era Joshua Bell, uno de los más grandes y talentosos músicos del mundo. Ella lo sabía bien, tres semanas antes lo había visto en un concierto organizado en la Biblioteca del Congreso, donde la entrada costaba U$S100.


Ese día, Joshua Bell tocó una de las piezas más complejas jamás escritas, con un violín Stradivarius del valor de tres millones y medio de dólares; y en esos cuarenta y cinco minutos, en el estuche de ese violín, recogió 32 dólares.

Todo esto fue organizado por el periódico Washington Post, como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de las personas. La pregunta era: ¿en un ambiente común, a una hora inapropiada, percibimos la belleza?; ¿nos detenemos para apreciarla?; ¿reconocemos el talento en un contexto inesperado?

Pero tal vez, la verdadera pregunta sobre la cual deberíamos reflexionar es: si no tenemos un momento para detenernos y escuchar a uno de los mejores músicos del mundo, tocando una de las melodías más maravillosas jamás escritas, ¿cuántas cosas nos estamos perdiendo?

Alma & Luna

lunes, 6 de mayo de 2019

Espiritualidad

“Espiritualidad es estar despierto. Desprenderse de las ilusiones. Espiritualidad es nunca estar a la merced de acontecimiento, cosa o persona alguna. Espiritualidad es haber hallado la mina de diamantes dentro de usted.”




Nos gustaría abordar hoy un tema que como siempre, deberíamos charlarlo entre tod@s alrededor de una mesa, con café, con unas copas, y al abrigo del diálogo. Es bastante complejo resumir o poder enfocar el tema de la espiritualidad en un post que no debe ser demasiado extenso, poder centrar el enfoque y que no sea aburrido.

Desde siempre, espiritualidad y religión estuvieron conectadas, o relacionadas por lo menos. Sin embargo, yo creo que son dos conceptos distintos.

Como much@s de nosotr@s, fui educada en la religión católica a pesar de que en mi casa nunca se practicó activamente. Con el correr de los años, comencé a tocar otras filosofías, por curiosidad, por querer saber más, por instinto. Descubrí entonces, que en general las religiones 'te atan' porque te condicionan a cumplir ciertos preceptos, ciertas reglas, que en definitiva tienden a reprimir o a censurar si no las cumples (y de paso a culpabilizarte siempre). Esto comenzó a chirriarme en la adolescencia, sobre todo viendo lo que había a mi alrededor con el tema de la dictadura en Argentina y la participación activa de la Iglesia en este genocidio.

Personalmente siempre me sentí conectada a algo que sentía superior, no sabía cómo llamarlo. Decidí que no lo iba a etiquetar, sino que iba a seguir intentando descubrir hacia donde me llevaba sentir esto.

Aprendí, después de leer bastante y de practicar alguna filosofía, que había ido rescatando lo que para mí era mejor, y que me servía en mis propios procesos. Aprendí también a conectar conmigo, a sentirme, a mirar mi corazón, a reconocerme como parte del Universo.

Hay algo de orden sagrado en la naturaleza, en sus enseñanzas, en lo que nos manifiesta en cada ciclo vital. Hay algo sagrado cada vez que te sientas en silencio e intentas escucharte sin todo el ruido exterior que solo te confunde. Hay algo sagrado cada vez que te conectas con el otro, desde tu corazón, desde el no-juicio.

No practico ninguna disciplina, ni religiosa ni filosófica. Me sirve lo que puedo aplicar a mi vida diaria, lo que sienta que me eleva y me ayuda a ser agradecida. (Muchas veces con mayor o menor acierto, obviamente). No sólo en los buenos momentos, sino también en los procesos de dolor, en las crisis. Aprendí que cada crisis aparece para que aprenda algo y siga mi camino.

No sé, si esto que escribo resume un poco la propuesta de esta semana. No sé si es clara, o si es correcta... Tal vez no haya podido definir lo que intento poner aquí hoy sobre la mesa. Pero nos encantaría que hablaras sencillamente de lo que sientes tú como espiritualidad... -quizás sea sentir y no pensar en lo que es-; ¿relacionas tú, cualquier religión a la espiritualidad? ¿Tiene que ver la fe? ¿En qué crees si crees en algo?

¡Te esperamos!
Luna & Alma

lunes, 29 de abril de 2019

Defensas

“Cuando tratas de defenderte estas dando demasiada importancia a las palabras de los otros y das más fuerza a sus opiniones. Si aceptas el no defenderte estás mostrando que las opiniones de los demás no te afectan, que ‘escuchas’. Que son simplemente opiniones y que no tienes que convencer a los otros para ser feliz.
Tu silencio interno te vuelve sereno.
Practica el arte de no hablar.
Progresivamente desarrollarás el arte de hablar sin hablar y tu verdadera naturaleza interna reemplazará tu personalidad artificial dejando brotar la luz de tu corazón y el poder de la sabiduría el “noble silencio”.
Respeta la vida de los demás y de todo lo que existe en el mundo.
No trates de forzar, manipular y controlar a los otros.
Conviértete en tu propio maestro y deja a los demás ser lo que son o lo que tienen capacidad de ser.
Instálate en el silencio y la armonía de todo el universo”
(Thích Nhất Hạnh)


No sé si alguna vez les ha pasado, a mí sí... alguien dice o hace algo que nos deja como lo que no somos; y entonces, automáticamente comenzamos a “defendernos”. Empezamos a explicarnos; desarrollamos nuestras ideas, nuestras creencias, nuestros modos. Argumentamos posiciones y probamos, a veces hasta el cansancio, a demostrar que no somos como nos han reflejado. Y la pregunta es ¿por qué? ¿para qué?

Porque habrá veces que el otro o la situación en sí, vale la pena; pero otras muchas no. Y entonces ¿por qué desgastarnos en ese tipo de situaciones? Si uno sabe cómo es o no es, o cómo y porqué actúa de la forma que lo hace; sus razones y, en el mejor de los casos, en las consecuencias de cada gesto... ¿por qué tantas explicaciones?; ¿por qué tratar que el ‘otro’ nos vea como nosotros queremos nos vea?; ¿en todas esas situaciones ese otro realmente vale la pena, es así de importante? Yo no creo, y entonces ¿qué puede importar lo que opine?

En muchas situaciones he empezado a optar por el silencio, ya no pierdo tiempo en ‘convencer’ a nadie, no doy más explicaciones... porque como dicen por ahí también: “No expliques tanto; los amigos no las necesitan, muchos no las entienden y, muchos más aún, no las creen.”

Alma & Luna

lunes, 22 de abril de 2019

El lado oscuro de las emociones

“Si hablamos de emociones buenas y emociones malas, les damos una valoración moral que nos impide comprender su razón de ser. Y ésta es una lección inadecuada que aprendemos desde niños.
El problema es que cuando pienso que una emoción es mala, tiendo a eliminarla, así que me pierdo la posibilidad de aprender lo que tiene para enseñarme, y entonces en lugar de aprovecharla sólo la padezco.”
(Dr. Norberto Levy)

Desde que llegamos al mundo, recibimos el mensaje tácito de que las emociones negativas no son buenas, no hay que manifestarlas (no llores, no te enfades, no grites, etcétera, etcétera...)
Aprendemos de nuestras figuras de autoridad, padres, abuelos, maestros que “ocultarlas” es lo correcto. Ser buenos, expresar alegría, comunicarnos, es lo que todos deberíamos hacer. Y es entonces que empezamos a “luchar” contra estas emociones que son tan naturales e importantes como las otras. Nos acostumbramos a “tapar” a disimular y a no reconocernos en esas facetas. Socialmente no está bien. Sin embargo, estas emociones, pueden ser tan sanadoras como las otras. Es decir, desde el momento en que las reconocemos y podemos gestionarlas, se propicia el cambio, y se “reconvierten” en algo más constructivo.

Leo esto por ejemplo acerca de la rabia:
"La rabia, cuando es permitida, funciona como un propulsor que te impulsa, irremediablemente, a actuar; produce fuego y con él se transforma la emoción en sí en una acción que, sin duda, te llevará más allá de donde estabas."


¿Porqué no dejarla salir? Poder gritar, o expresar tu rabia ante una injusticia, ante algo que te lastima, o te enfada.
Y también me pregunto por el miedo, por los celos (como ya hemos hablado hace poco aquí), por el asco, el enfado o la tristeza. Si aprendemos a gestionarlas, ¿no serán herramientas que nos ayuden a salir de situaciones adversas?

Emociones que al darles visibilidad pueden llevarnos a tomar decisiones postergadas, terminar con historias que nos hacen daño, poner nuestros límites, o colocarnos posicionados de otra manera ante el mundo. Emociones que solemos reprimir porque no están bien vistas, con lo cual cuanto más las reprimimos más crecen y en algún momento explotarán como una olla a presión, saltará todo por el aire, nos dañará aún más, o terminará enfermándonos.

Aceptarlas es darles el lugar que tienen en nosotr@s, es nuestra sombra que nos encargamos de ocultar. Pero desde el momento en que las integramos, las escuchamos e intentamos comprender qué mensaje quieren darnos en vez de luchar contra ellas y reprimirlas, dejarán de estar en la sombra.

Te proponemos un viaje a tu interior, a mirarte en esa zona que no se suele mostrar.
¿Te identificas con este post? ¿Cuál es tu emoción negativa predominante?
¿Quieres comentar lo que piensas o sientes?
¡Te esperamos!

                                                                                                                        Luna & Alma


lunes, 15 de abril de 2019

Un@ mism@

“Luchar por una idea sin tener una idea de uno mismo,
es una de las cosas más peligrosas que se pueden hacer.”
(“Donde el corazón te lleve”, Susana Tamaro)

Los otros días, mientras leía “La vida te despeina”, me crucé –por así decirlo– con esta cita con la que he abierto la entrada. Me ha parecido tan sencilla como verdadera; y, no sé porqué la asocié a la escena de cómo te gustan los huevos en el desayuno de “Novia a la fuga”... ¿la recuerdan?



Y es que me parece representa de manera, tal vez, cómica o simple, lo que deseo expresar.

¿Somos conscientes del peligro que signifique no tener una idea concreta de quienes somos? Si no sabemos qué cosas nos gustan y qué no, cuáles son nuestras ideas sobre éste o tal otro tema; lo más probable es que seamos fácilmente influenciables, y por ende, que sea algún otro el que conduzca  nuestra propia vida.

Creo que esto se observa más comúnmente entre los jóvenes. Si los amigos de un muchacho juegan al fútbol, lo más probable es que él termine jugando al fútbol también... pero ¿era éste el deporte que realmente le gustaba?; ¿y si hubiese sido el rugby, o el basket, o la natación? ...o alguno aún más insólito como el golf, ¿qué pasaría con ese muchacho? ¿seguiría sus gustos sin importarle el entorno o se dejaría condicionar? Y todo esto, luego de un tiempo, ¿no podría traducirse en insatisfacción?

Si a todo esto le sumamos los roles preestablecidos por género, el tema se hace aún más complicado; porque ¿qué pasa cuando a nuestro hijo varón le gustaría concurrir a clases de cocina o danza clásica?; o ¿nuestra hija mujer quisiera estudiar mecánica en vez que letras? Y no digamos que estos temas están superados, porque todos sabemos (más los que somos padres) lo difícil que es “ser el diferente”.

Y si esto lo trasladamos a una pareja, ¿qué sucede cuando al no saber elegir, dejo que lo haga el otro? ¿Se puede amar y convivir a pesar de ser ‘el día y la noche’?

Yo tengo las respuestas para cada cuestión, pero hoy quiero que reflexionemos más juntos que nunca... ¿te animas?

Dinos sinceramente qué piensas, sin importar la extensión de tu comentario. Te esperamos.

                                                                                                                        Alma & Luna



lunes, 8 de abril de 2019

Celos

“Los celos son siempre el instrumento certero
que destruye la libertad interior
y elimina en la compañía toda la felicidad posible.”
(Gregorio Marañón)



“Si tiene celos es porque te quiere”, “soy celoso/a porque te amo”, “preocúpate cuando deje de tener celos, porque quiere decir que ya no estoy más enamorado/a de ti”... Estas son frases que seguramente todos hemos escuchado (y hasta dicho en algún momento). Pocas emociones llegan a ser tan complejas como los celos, ahí donde se arremolinan sentimientos dispares y siempre intensos.


Abrimos el post de esta semana para hablar de los celos.

Sí, los celos, esa emoción que nos quema, que nos enoja, que nos termina debilitando y nos hace sufrir. No hablo sólo de celos en relación a la pareja. Quiero abrir el abanico de posibilidades en cualquier tipo de relación. Celos entre herman@s, entre amig@s, entre colegas de trabajo, etcétera.

El gran fantasma, indefinible y amenazador que de repente irrumpe ante algún acto o circunstancia que nos afecta de manera exagerada. En una especie de afán de posesión, de querer controlarlo todo, sufrimos un estado de permanente sospecha y de sobresalto.

Tengo el recuerdo de sentir celos de mis hermanos pequeños, porque tenían más atención que yo que era la mayor, y era la que “tenía que entenderlo” aunque fuera una niñita que sólo buscaba ser “vista”. A su vez, mis hermanos tenían celos de mí, porque yo era la mayor, la que tenía más (según ellos) facilidades en la familia.

Fíjense que son dos emociones idénticas, con circunstancias idénticas, pero, con percepciones totalmente diferentes. Cada uno lo veíamos de una manera totalmente personal, poco sana, y que nuestros padres no sabían manejar, lo cual generaba discusiones hasta el infinito (y hasta hoy). Esto es sólo un ejemplo tonto, pero sabemos que los celos destrozan relaciones, se convierten muchas veces en obsesivos y dañan más de lo que construyen, por más que te digan que  es normal tenerlos.

Quizás, en nuestro ser más profundo sintamos la necesidad de poseer a la otra persona, y eso se manifiesta a través de los celos.

¿Es sólo inseguridad? ¿Consideras que es normal? ¿Eres celoso/a?
¿Te apetece compartir tu punto de vista?
                                                                                                                        Luna & Alma