“A cada uno le molesta la piedra en el propio
zapato,
y sabe el peso de la cruz que carga en la
espalda.”
(la que escribe... Alma)
Me considero una persona a la que le gusta
“estar” para el otro; sea para escucharlo, para prestar un hombro en el cual
llorar, para dar un consejo si se me pide, o un abrazo sin necesidad de
hacerlo. Pero a veces, pocas veces, soy yo la que necesita de esas mismas cosas;
y lo que suele sucederme es encontrarme con gente que, sistemáticamente,
siempre está peor que yo.
No importa qué es lo que a mí me preocupe
o entristezca, quien tengo enfrente está siempre un escalón más arriba en las
escaleras de “pesares”. Si yo cuento que estoy preocupada porque he perdido mi
trabajo; el otro me dice que me entiende porque está en la misma situación, o porque ha debido renunciar a las horas extras y en las vacaciones ya no podrá
hacer el crucero que planificaba (😨). Para qué contarles lo
que he escuchado en estas últimas semanas...
Ojo, no estoy pidiendo ser compadecida, ni
siquiera es mi intención creerme la única con problemas o a la que le sucedan situaciones
feas, horribles. Y estoy segura que no se dicen esas cosas con mala intención; que
el otro debe creer que nos “ayuda” minimizando lo que nos sucede... pero no es
así. A mí, en lo personal y en esta situación particular que me ha tocado vivir,
esta actitud me genera muchísima rabia, sinceramente lo digo.
No todos hemos pasado por las mismas
situaciones, y a veces frases como “sé cómo te sientes...”; “entiendo
perfectamente por lo que estás pasando...”, no son ni válidas, ni justas, ni
mucho menos acertadas. Creo yo, que lo más simple de hacer cuando alguien junta
el valor de decirte o mostrarte que tiene el alma a pedazos, es escucharla,
sólo escucharla con el corazón y acompañarla, abrazarla... no enumerar los
propios problemas, o los tantos males que nos rodean; porque como digo al
inicio, a cada uno le molesta la piedra que lleva en el propio zapato.
Alma & Luna






