lunes, 4 de marzo de 2019

Lo propio


“A cada uno le molesta la piedra en el propio zapato,
y sabe el peso de la cruz que carga en la espalda.”
(la que escribe... Alma)
Me considero una persona a la que le gusta “estar” para el otro; sea para escucharlo, para prestar un hombro en el cual llorar, para dar un consejo si se me pide, o un abrazo sin necesidad de hacerlo. Pero a veces, pocas veces, soy yo la que necesita de esas mismas cosas; y lo que suele sucederme es encontrarme con gente que, sistemáticamente, siempre está peor que yo.

No importa qué es lo que a mí me preocupe o entristezca, quien tengo enfrente está siempre un escalón más arriba en las escaleras de “pesares”. Si yo cuento que estoy preocupada porque he perdido mi trabajo; el otro me dice que me entiende porque está en la misma situación, o porque ha debido renunciar a las horas extras y en las vacaciones ya no podrá hacer el crucero que planificaba (😨). Para qué contarles lo que he escuchado en estas últimas semanas...

Ojo, no estoy pidiendo ser compadecida, ni siquiera es mi intención creerme la única con problemas o a la que le sucedan situaciones feas, horribles. Y estoy segura que no se dicen esas cosas con mala intención; que el otro debe creer que nos “ayuda” minimizando lo que nos sucede... pero no es así. A mí, en lo personal y en esta situación particular que me ha tocado vivir, esta actitud me genera muchísima rabia, sinceramente lo digo.

No todos hemos pasado por las mismas situaciones, y a veces frases como “sé cómo te sientes...”; “entiendo perfectamente por lo que estás pasando...”, no son ni válidas, ni justas, ni mucho menos acertadas. Creo yo, que lo más simple de hacer cuando alguien junta el valor de decirte o mostrarte que tiene el alma a pedazos, es escucharla, sólo escucharla con el corazón y acompañarla, abrazarla... no enumerar los propios problemas, o los tantos males que nos rodean; porque como digo al inicio, a cada uno le molesta la piedra que lleva en el propio zapato.
                                                                                                                        Alma & Luna

lunes, 25 de febrero de 2019

Deja ir a la gente que no está lista para amarte

Es la cosa más difícil que tendrás que hacer en tu vida, y también será la más importante: deja de dar tu amor a aquellos que no están listos para amarte.
Deja de tener conversaciones difíciles con gente que no quiere cambiar. Deja de aparecer para la gente que es indiferente a tu presencia. Deja de amar a la gente que no está lista para amarte.
Sé que tu instinto es hacer todo lo que puedas para ganarte las buenas gracias de todos los que puedas, pero también es el impulso que te robará tu tiempo, tu energía y tu cordura.
Cuando empiezas a aparecer en tu vida completa y completamente, con alegría, interés y compromiso, no todo el mundo va a estar listo para encontrarte allí.
Eso no significa que tengas que cambiar lo que eres. Significa que tienes que dejar de amar a las personas que no están preparadas para amarte.
Si eres excluido, insultado sutilmente, olvidado o fácilmente ignorado por las personas con las que pasas la mayor parte del tiempo, no te estás haciendo un favor al continuar ofreciéndoles tu energía y tu vida.
La verdad es que no eres para todos, y todos no son para ti. Eso es lo que lo hace tan especial cuando encuentras a las pocas personas con las que tienes una amistad, amor o relación genuina: sabrás lo precioso que es porque has experimentado lo que no es.
Pero mientras más tiempo pases tratando de forzar a alguien a amarte cuando no son capaces, más tiempo te estarás privando a ti mismo de esa misma conexión que te está esperando. Hay miles de millones de personas en este planeta, y muchas de ellas se van a encontrar contigo a su nivel, con la vibración de donde están, conectarse con donde están yendo.
Pero cuanto más tiempo te quedes pequeño, metido en la familiaridad de la gente que te usa como un cojín, una opción de segundo plano, un terapeuta y una estratagema para su trabajo emocional, más tiempo te mantienes fuera de la comunidad que anhelas.
Tal vez si dejas de aparecer, serás menos querido.
Tal vez te olviden por completo.
Tal vez si dejas de intentarlo, la relación cesará.
Tal vez si dejas de enviar mensajes de texto, tu teléfono permanecerá oscuro durante días y semanas.
Tal vez si dejas de amar a alguien, el amor entre ustedes se disolverá.
Eso no significa que hayas arruinado una relación. Significa que lo único que sostenía una relación era la energía que tú y sólo tú ponías en ella. Eso no es amor. Eso es apego.
La cosa más preciosa e importante que tienes en tu vida es tu energía. No es tu tiempo lo que está limitado, es tu energía. Lo que tu das a cada día es lo que creará más y más en tu vida. A lo que le das tu tiempo, es lo que definirá tu existencia.
Cuando te des cuenta de esto, empezarás a entender por qué estás tan ansioso cuando pasas tu tiempo con gente que no te conviene, y en trabajos o lugares o ciudades que no te convienen.
Comenzarás a darte cuenta de que lo más importante que puedes hacer por tu vida, por ti mismo y por todos los que conoces es proteger tu energía más ferozmente que cualquier otra cosa.
Haz de tu vida un refugio seguro en el que sólo se permita a las personas que puedan cuidar, escuchar y conectarse.
Tu no eres responsable de salvar a la gente.
Tu no eres responsable de convencerlos de que quieren ser salvados.
No es tu trabajo aparecer por la gente y entregarles tu vida, poco a poco, momento a momento, porque te compadeces de ellos, porque te sientes mal, porque “deberías”, porque estás obligado, porque, en la raíz de todo esto, tienes miedo de que no te devuelvan el favor.
Es tu trabajo darte cuenta de que eres la amo de tu destino, y que estás aceptando el amor que crees que mereces.
Decide que mereces una amistad real, un compromiso verdadero y un amor completo con las personas que están sanas y prósperas.
Entonces espera en la oscuridad, sólo por un momento….
… Y mira lo rápido que todo comienza a cambiar.
(Alejandro Jodorowsky)
En este texto (inusualmente largo para lo que solemos postear en este Blog) creo que se resumen muchos de las entradas que hemos ido publicando a lo largo de este tiempo.
Cuando la leí, pensé que era demasiado extensa, pero a medida que la releía, me daba cuenta de que no podía resumir,ni recortar ningún párrafo. Es tan clara y contundente que creo que no se puede añadir más nada.
Es complicado de llevar a cabo no? Desprenderte de todos los apegos emocionales. Se dice fácilmente,pero, requiere un trabajo personal interno muy profundo.
Solo invitarte a la reflexión semanal, y a que nos dejes tu pensamiento, tu opinión, tu sentir.

Luna & Alma


lunes, 18 de febrero de 2019

Cambio

“Sólo los imbéciles no cambian de opinión
cuando cambian las circunstancias.”
(Juan Manuel Santos)

Apenas vi esta imagen y leí lo que escribía el autor, recordé esta frase; que más allá de quien la dice y el contexto, creo sea muy justa. ¿Cómo alguien puede juzgar que si tú primero pensabas de un modo sobre determinado argumento, luego no puedas cambiar de opinión? Porque ¿qué sucede cuando los presupuestos en los que has basado esa opinión,cambian?

Esto me hace pensar a la escena de la película “La sociedad de los poetas muertos”, donde el maravilloso profesor Keating hace que sus alumnos se pongan en pie sobre sus pupitres... todo es cuestión de observar las cosas desde otra perspectiva. Entonces, si cuando reflexionamos sobre un tema lo hacemos desde un punto diferente del que lo hacíamos al comienzo, ¿no es posible que cambiemos nuestra opinión? Yo creo que sí.

Por eso, como bien dice el autor de la imagen aquí arriba –Alfonso Casas–, si no fuéramos capaces de cambiar de opinión, aún seguiríamos pensando que la tierra es plana. Así que lo mejor es estar abierto a estos cambios, a los de nuestros presupuestos, al de las circunstancias, al de todos los parámetros; porque la vida es movimento, cambio.
Alma & Luna

lunes, 11 de febrero de 2019

Resiliencia


"La resiliencia es la capacidad de los seres humanos para adaptarse positivamente a situaciones adversas. Sin embargo, el concepto ha experimentado cambios importantes desde la década de los 60. En un principio, se interpretó como una condición innata, luego se enfocó en los factores no sólo individuales, sino también familiares, comunitarios y, actualmente, culturales. Los investigadores del siglo XXI entienden la resiliencia como un proceso comunitario y cultural, que responde a tres modelos que la explican: un modelo «compensatorio», otro «de protección» y por último uno «de desafío».​ Asimismo, la resiliencia es la capacidad de tener éxito de modo aceptable para la sociedad, a pesar de un estrés o de una adversidad que implica normalmente un grave riesgo de resultados negativos."
(Wikipedia)

La primera vez que oí hablar de esta capacidad fue a través de la lectura del libro de Viktor Frankl, "El hombre en busca de un sentido". En él, se narra la experiencia del autor en un campo de concentración nazi, y su capacidad de poner en marcha todas sus herramientas internas, es decir su capacidad de 'resiliencia', al servicio de su supervivencia.

Psiquiatra y neurólogo, a partir de esa experiencia traumática, revierte ese proceso doloroso en una herramienta que comenzará a  aplicar con sus pacientes, y que será la base de parte de las nuevas terapias psicológicas. La Logoterapia.

Todos hemos oído hablar, o hemos leído acerca de este tema.

Todos de alguna forma u otra, somos resilientes, pero... ¿somos conscientes de ello?

¿Tus experiencias te han llevado a descubrir tu capacidad de resiliencia?

¿Eres una persona que se sobrepone y se fortalece con las experiencias adversas o te abaten durante mucho tiempo, impidiéndote seguir adelante?
                                                                                                           Luna & Alma

lunes, 4 de febrero de 2019

Dolor

“El dolor es un recordatorio de que no somos eternos.”
(Salvador Bañuelos)
 
A veces es difícil hacer entender el propio dolor a un otro, por más que haya un lazo familiar o de amistad. Sobre todo cuando el dolor no es físico, cuando éste no se representa en una herida, no se ve en radiografías, no sale en ningún tipo de análisis, cuando no se puede tocar de ningún modo; porque el dolor reside en el alma.

Y cuando un dolor así invade cada célula de nosotros, todo se vuelve complicado; porque la mayor parte de quien te está al lado, por lo general, no reacciona como te esperas, o como tú necesitas... simplemente porque no saben cómo. Éste es un dolor que cada uno transita a su modo, muchas veces en silencio, porque las heridas del alma no son fáciles de curar, ni de superar. Las cicatrices que dejan no se ven, pero están.

Lo único que, tal vez, se pueda hacer entonces, es abrazar a esa persona... aunque parezca que no lo desea; aunque al principio se aleje o se aisle. Un abrazo que la ayude a tener los pedacitos juntos... por el resto, es tiempo.

Alma & Luna

lunes, 28 de enero de 2019

El estrés

“Allí donde el agua alcanza su mayor profundidad,
se mantiene más en calma.”
(William Shakespeare)


El cortisol es una hormona que actúa como neurotransmisor en nuestro cerebro. Considerada por la comunidad científica como la hormona del estrés, nuestro cuerpo la produce ante situaciones de tensión para ayudarnos a enfrentarlas. La liberación de esta hormona está controlada por el hipotálamo, en respuesta a situaciones estresoras y a un nivel bajo de glucocorticoides en la sangre.
El estrés es una emoción/estado emocional que genera tensión física. Puede provenir de cualquier situación o pensamiento que nos haga sentir frustrados, furiosos o nerviosos. En pequeñas dosis el estrés puede ser positivo, como cuando nos ayuda a evitar un peligro o a cumplir con nuestros propósitos. Sin embargo, cuando el estrés pasa de ser una emoción puntual a una emoción recurrente o a un estado emocional, puede dañar nuestra salud.

Cuando hablamos de estrés, inmediatamente nos viene a la mente una imagen de una situación extrema, de sobrecarga, de emociones sobrepasadas, sobreexigencia y una serie de situaciones que nos llevan a un estado de alerta permanente y de predisposición “a la lucha” ( como signo atávico de supervivencia). De hecho y tal como indica el párrafo que abre este post, en dichas situaciones segregamos una hormona, el cortisol,que es la que nos ayuda a enfrentarlas y nos predispone para “la lucha”. Lo que sucede es que no siempre es real ese peligro o  amenaza, pero el cerebro así lo registra y segrega cortisol.

El estrés es la nueva forma de presión que nos induce a estar siempre en tensión. Y cada vez más. Socialmente estamos cada vez más exigidos.
Y acabamos enfermando. El estrés nos enferma porque tiene una acción directa en el organismo que es acumulativa y finalmente,empezamos a “padecerlo” de manera física.

Cuando ya hemos hecho oídos sordos a todas las señales que nos manda la vida para que paremos, nos enfermamos. Es aparentemente la única forma en que podemos ponerle freno a esta especie de epidemia de tensión añadida. El aumento del cortisol incide para que se agraven dichos síntomas.

Entonces, qué podemos hacer para que por lo menos físicamente no “padezcamos” tanto su influencia con esos efectos tan graves?. Bajar los niveles de cortisol no es sencillo, pero no imposible. Podemos regularlo con mecanismos que están a nuestro alcance: un soporte social (amigos, relaciones, buenas compañías) y saber que puedes contar con ellos.

 Ayudarte con una dieta equilibrada y variada también influye en los niveles de cortisol y finalmente una rutina de ejercicios, talleres, meditación o actividades que aumenten tu nivel de oxitocina (clave para el control del estrés) y serotonina (la hormona del placer) para que te sostengan y ayuden a generar ese momento gratificante donde puedas desconectar y descomprimir la tensión acumulada. Dependiendo de tu actitud, segregarás una u otra. Cortisol,o serotonina.

Y aquí te dejamos la propuesta de hoy: ¿Tú sientes este tipo de presión-estrés habitualmente? ¿Eres de los que piensan que es necesario generar un espacio de calma aunque sean solamente unos minutos? ¿Te paras a sentirte?


Luna & Alma

lunes, 21 de enero de 2019

Se dice de mí...


“No me digas lo que hablaban mal de mí,
dime por qué se sentían cómodos contándotelo a ti.”
(del web) 

En varias ocasiones puede suceder que alguien venga a ti, a él, a mí, a cualquiera en realidad, para hablar mal de otra persona; y cuando esto sucede la única pregunta que cruza por mi cabeza es “¿por qué?”. Es decir, reflexiono el porqué alguien debiera hablarme mal a mí de algún otro; cuál puede ser el motivo que se esconde detrás de todo.

Podrás pensar que soy una que le da muchas vueltas a las cosas (y no estarías del todo equivocado... jajajajaja...), o que le busco la quinta pata al gato; pero a veces –la gran mayoría– es como el dicho: “piensa mal y acertarás”. Es por eso que me cuestiono sobre los motivos que pueda tener alguien para venir a contarme a mí algo de otra persona. Porque las cuestiones son dos: una, si esa otra persona es desconocida para mí, poco me puede importar que se diga de ella y entonces para qué hacerlo. Y dos, si conozco a la persona en cuestión, ¿qué se busca cuando se me habla mal de ella?, ¿hacer un ‘frente común’ en su contra?, ¿que sea yo quien le diga una verdad que no es mía a esa otra persona? Las posibilidades son muchas, y ninguna encuentro ni bonita ni válida.

En lo personal, estoy segura que quien haya hecho esto conmigo, no se ha sentido cómodo. Porque si es un desconocido digo muy claramente: “no me interesa saber nada” y ni siquiera me detengo a escuchar. Y si es sobre alguien que conozco, pues sinceramente, hubo un tiempo que hacía de embajadora de la ONU, e intentaba que todos vayan de acuerdo, trataba de conciliar carácteres y modos de ver... ahora ya no. Ahora simplemente expreso de forma rotunda que cada uno debe hablar con la persona en cuestión, no colocando a nadie en medio. Al fin y al cabo, ¿dónde está escrito que todos tenemos que ser amigos de todos? Yo tengo amigos, que a su vez tienen amigos obviamente, que no soporto, con los cuales no tengo ningún tipo de relación ni deseo tenerla; pero, por respeto a esa amistad mía, jamás pensaría de hablar mal de esa persona, de alguien que a su vez es su amigo, o por el cual siente afecto. Podría aclarar mi posición; pero más, sería una falta de respeto en mi opinión, y que si ocurriera, sería poner punto final a la amistad.

¿Qué piensas? ¿Has vivido una situación así? ¿Cómo has reaccionado?
Alma & Luna