lunes, 12 de noviembre de 2018

Fábulas

“Digamos que existen dos tipos de mentes poéticas:
una apta para inventar fábulas
y otra dispuesta a creerlas.”
(Galileo Galilei)

Y yo hoy me pregunto, ¿por qué nos gustan tanto las fábulas? Preferimos los cuentos de hadas, las historias rosas, la poesía, antes que la realidad tal y como es. Parece que elegimos sistemáticamente creer a una ilusión, que ver lo que evidentemente tenemos en frente.

Obviamente no estoy hablando de libros y lecturas, sino del día a día. Hace unas semanas ví un post en Tumblr que me hizo reír (míralo aquí si quieres); y la risa fue provocada porque es así, preferimos una burbuja, aunque una parte nuestra sepa que lo es. Lo terminé de confirmar leyendo un comentario, una crítica sobre un relato, los otros días. El relato describía una escena de la vida de una pareja normal, un día común y corriente en la vida de ésta, y la crítica no era otra cosa que alguien diciendo que dicha escena era “aburrida” porque no pasaba nada más que una pareja desayunando y conversando, sin sexo y sin más... y de repente me acordé de este video: https://www.youtube.com/watch?v=2MXV9bc8-nY

Entonces vuelvo al inicio, ¿por qué algunos prefieren las fábulas? No niego que hubo un tiempo en el que yo también estaba dispuesta a creerlas, pero ya no. Todas esas historias prefiero dejarlas para los libros o para las películas al máximo; pero no con las personas. No necesito a alguien que me diga lo especial que soy (eso ya lo sé... jajajajaja... bromeo, hagamos liviano este lunes de reflexión), ni tampoco que soy única, o indispensabile, o perfecta... no, nada de eso. Respeto y aprecio muchísimo más quien se me para delante con el coraje de mirarme a los ojos diciéndome la verdad, su verdad; y dándome así la posibilidad de elegir qué hacer con ella. Pero sin engaños.

Tal vez me he enredado mucho; tal vez no he sido tan clara en desarrollar esta idea. La cuestión en definitiva es: ¿no es mucho mejor lo real que una mentira?; ¿quién es más amigo, alguien que nos halaga todo el tiempo o alguien que, aún a costo de discutir y pelear, nos marca los defectos y errores? ¿Es preferible que alguien se acerque mostrando un fingido interés, un mágico y fulminante enamoramiento; o que directamente, sin vueltas, aclare sus reales deseos?

Yo a esta altura de mi vida tengo muy claras estas respuestas... ¿y tú?

Alma & Luna

lunes, 5 de noviembre de 2018

Ovejas negras


Elogio a las ovejas negras de la familia"


Las llamadas "ovejas negras" de la familia son en realidad buscadores natos de caminos de liberación para el árbol genealógico.

Aquellos miembros de un árbol que no se adaptan a las normas o tradiciones del ‘Sistema Familiar’, aquellos que desde pequeños buscaban constantemente revolucionar las creencias, yendo en contravía de los caminos marcados por las tradiciones familiares, aquellos criticados, juzgados, e incluso rechazados; esos, por lo general, son los llamados a liberar el árbol de historias repetitivas que frustran a generaciones enteras.

Las "ovejas negras", las que no se adaptan, las que gritan rebeldía, cumplen un papel básico dentro de cada sistema familiar, ellas reparan, desintoxican y crean una nueva y florecida rama en el árbol genealógico.

Gracias a estos miembros, nuestros árboles renuevan sus raíces. Su rebeldía es tierra fértil, su locura es agua que nutre, su terquedad es nuevo aire, su apasionamiento es fuego que vuelve a encender el corazón de los ancestros.

Incontables deseos reprimidos, sueños no realizados, talentos frustrados de nuestros ancestros se manifiestan en la rebeldía de dichas ovejas negras buscando realizarse. El árbol genealógico, por inercia querrá seguir manteniendo el curso castrador y tóxico de su tronco, lo cual hace la tarea de nuestras ovejas una labor difícil y conflictiva.

Sin embargo, ¿quién traería nuevas flores a nuestro árbol si no fuera por ellas? ¿Quién crearía nuevas ramas? Sin ellas, los sueños no realizados de quienes sostienen el árbol generaciones atrás, morirían enterrados bajo sus propias raíces.

(Texto: Natalia Ramírez)

Al leer el texto que abre nuestro nuevo post, no pude menos que hacer una especie de viaje al pasado, para darme cuenta de que, de alguna manera, yo fui la “oveja negra” de mi familia.


Ahora, que acabo de volver de mi tierra, lo que nos dice esta introducción, me otorga una nueva mirada, ya que tengo todo ese bagaje familiar muy fresco que experimenté durante todo este último mes, lejos de lo que he construido. Pude darme cuenta de esa carga que pude dejar atrás, que pude sanar.


Es algo que se trae en el inconsciente, desde el preciso momento en que nacemos (o quizás desde que somos gestados) la carga de mandatos familiares, pautas, costumbres e inclusive hasta enfermedades.


Terminar con todo eso no es fácil, creo que en todas las familias hay una “oveja negra” que rompe (muchas veces de manera radical y definitiva) el mandato de lo que se espera de ella. Otras veces, no es necesario desaparecer, ni cortar relaciones, ni siquiera ser ‘el diferente’. Basta sencillamente con romper una pauta que se repite generación tras generación.


Viendo el transcurso de mi vida, me declaro  “oveja negra”. Aquella que dio el salto, la que se atrevió, la que desafió lo que se esperaba de ella y rompió la pauta.


Y tú, ¿compartes lo expuesto? ¿Te consideras oveja negra o en general sigues los mandatos por inercia, o sin cuestionarlos? ¿Crees que ser “oveja negra” pueda llegar a tener un matiz positivo? ...dinos qué opinas, sabes que nos gusta leerte.

Luna & Alma


lunes, 29 de octubre de 2018

Sin querer(te)

“La gente siempre te hará daño alguna vez.
El dolor forma parte de la vida.

Lo importante es que tú sepas
quién lo hace sin querer
y quién lo hace sin quererte.”
(del web)


Todos en algún momento hemos herido a alguien que queríamos o que nos quería; y a su vez, hemos sido heridos por alguien. Es ley de vida, es inevitable se podría decir. Pero, como bien dice la cita que encabeza la entrada, la diferencia está en quien lo hace “sin querer” y quien lo hace “sin quererte”... todo se resume a esto en definitiva.

Porque, como ya dijimos puede pasar que uno lastime al otro; pero en el momento que esto ocurre, se entra en conflicto, con uno mismo –en el mejor de los casos– y con el otro. Entonces, es en aquí que quien ha sido herido puede, y debe, expresar este dolor, este malestar, ante una situación o gesto que le ha hecho daño. Y se supone, que si la otra persona realmente nos quiere, nos aprecia, no repetirá lo sucedido...

¿Pero qué pasa cuando sí se repite? ...pues creo que entonces es uno que se debe hacer las preguntas, y obviamente, encontrar las respuestas. Que éstas también pueden doler, pero con el tiempo –tal vez– aprendemos qué es mejor.

Tú qué crees, ¿hasta cuándo o hasta qué punto se debe soportar que otro nos lastime, por acción u omisión, simplemente porque “nos quiere”?

[Atención, cuando hablamos de “herir o lastimar”, no nos referimos a violencia física, o psicológica, o maltrato de ningún tipo, esto nunca y bajo ningún motivo debería ser tolerado.]

Alma & Luna

lunes, 22 de octubre de 2018

Arrepentimientos

“Si quieres ser feliz, recuerda:
que el pasado es un lugar de referencia,
no un lugar de residencia.”
(del web)

Creo que de alguna forma, en algún momento de nuestras vidas, todos hemos mirado hacia atrás y nos hemos “arrepentido” de una o de muchas cosas. El pasado está ahí, como una referencia muchas veces demasiado presente, aunque parezca un contrasentido. La vida transcurre con esa percepción que nos impide seguir adelante o nos llena de dudas.

Cuando tomamos una decisión o hacemos algo, ponemos nuestra energía en lo que queremos hacer y lo hacemos desde el estado de conciencia que tenemos en ese momento. Creemos que es lo mejor. Y justamente en ese “creemos que es lo mejor” está la clave de todo. Porque a toro pasado es fácil decir “me arrepiento”, “no debería haber hecho esto o aquello”, “ si lo hubiera pensado mejor” y un largo etcétera. Hoy lo vemos desde la óptica de nuestro presente, con todo lo vivido desde aquel momento, hasta el día de hoy. Por supuesto que hoy no habríamos actuado así, quizás, pero en ese instante era lo mejor que podíamos hacer, o sentir, o pensar.

Y de nada sirve culparnos. Pero lo de la culpa es otro tema y ya lo hablaremos otro día, ¿sí?. Hoy quisiéramos saber: ¿sueles estar mucho tiempo en tu pasado? ¿Te arrepientes con frecuencia de cosas que has hecho? ¿Cambiarías muchas cosas de las que hiciste o de las que no hiciste?

Como siempre te decimos, esperamos tus comentarios, porque nos interesa y nos encantará leerte!

Luna & Alma


lunes, 15 de octubre de 2018

No...

“Aprender a decir que NO es un lujo.
NO quiero,
NO me gusta,
NO tengo ganas.
Todo eso es sano.”
¿Por qué cuesta tanto decir que “NO”?

Parece mentira, pero una de las cosas más difíciles es aprender a decir que “NO”. Esto es porque, muchas veces, decir que sí es mucho más simple y nos crea menos problemas. Al menos en apariencia, ya que tratar de quedar bien con todos es prácticamente imposible. Entonces decir que “no” puede ser la mejor forma para evitar otras complicaciones o problemas en futuro.

Es sólo cuestión de respetar aquello que realmente sentimos o deseamos; y no dejarnos influenciar por el miedo a ser excluídos por los otros. Comprender que siempre será mejor ser “rechazados” por lo que realmente somos o pensamos, que ser aceptados por una falsedad. Porque decir que “NO”, no significa ser maleducados, simplemente es poner límites; para uno mismo, y para los demás.

Tú, ¿sabes decir “no”? ¿Te cuesta mucho hacerlo?
Como siempre, cuéntanos tu parecer, tu opinión, nos interesa.
Alma & Luna

lunes, 8 de octubre de 2018

El motor de tu vida

“El deseo y el deber surgen de la necesidad, y son motores de nuestra conducta.
El aparato psíquico humano, escindido, tiene la función de administrar las necesidades del cuerpo, y divide estas necesidades entre las que considera deseos y las que considera deberes.”
(Manfredo Teicher)


Mientras miro esta imagen, vienen a mi mente muchísimas decisiones, actos, hechos en los cuales, tomamos un camino “equivocado”. Pero ¿de verdad es un camino equivocado? ¿Es un error, o es una decisión basada más en el deber que en el deseo? ¿Sabemos escuchar nuestro deseo, o nos dejamos llevar por lo que se espera de nosotr@s, por lo que es “correcto” o porque corresponde?

Durante mucho tiempo no supe escucharme. No sé porqué, quizás simplemente no fui educada para eso. Siempre había hecho lo que se esperaba de mí. No supe reconocer hasta muchos años después la desconexión entre lo que quería y lo que debía. O como debía funcionar para estar en consonancia ambas partes.

¿Tú crees que esta escisión tiene que ver con la educación recibida? ¿Es un problema cultural? ¿O tiene que ver con el carácter de cada uno? ¿Qué es lo que te mueve a ti en ese primer impulso? ¿El deber o el deseo?


Luna & Alma


lunes, 1 de octubre de 2018

Correr detrás


“¿Por qué correr detrás de alguien
que sabe donde estás?”
(pregunta leída en el sitio de redpsi.instagram)


¿Cuántas veces lo hemos hecho? Y, obviamente, no hablo de hacerlo de forma real; sino eso que, algunos más y otros menos, todos hacemos. Vamos detrás de algunas personas, como si tuviésemos la necesidad de sentirnos ¿queridos?, ¿necesitados?, ¿qué? Y, mientras “corremos” detrás de estas personas, no nos damos cuenta de lo que dejamos en nuestro camino... de a quienes dejamos por ir detrás de.

Y me pregunto, y te pregunto, ¿vale la pena?, ¿o es como ir a la búsqueda de la olla con las monedas de oro del final del arcoiris?

A veces pienso que es un vacío personal. Tal vez, en un cierto momento no nos sentimos satisfechos con nosotros mismos, o con nuestras relaciones sociales, o con aquellas personales (familia, pareja, amigos), y proyectamos en estas personas nuestros anhelos; aunque ellos sistemáticamente, nos demuestren que no nos necesitan, que no nos quieren... no al menos en la medida de nuestras expectativas, o del modo que nosotros quisiéramos.

Como siempre, te pido que nos dejes lo que te viene en mente, lo que te salga del corazón, lo que desees.

Alma & Luna