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lunes, 9 de julio de 2018

La envidia





Esta fábula que aparece en la imagen que abre la entrada de esta semana, es de por sí bastante esclarecedora. Nos muestra muy poéticamente comportamientos que todos hemos tenido alguna vez y que otros han tenido hacia nosotros.

La envidia.

Esa emoción tan ácida, tan corrosiva, que seguramente en más de una ocasión has sentido (queramos o no reconocerlo). Unas veces es como un rayo que nos atraviesa en un segundo ante algo inesperado, ante un hecho que creemos merecer para nosotros, ese pequeño triunfo que nos hace sentir muy bien aunque sea un sólo momento fugaz, un logro efímero en muchas ocasiones.

Otras veces (quizás en un sentido más patológico), la envidia es una especie de goteo insidioso que permanece y permanece en nuestro interior; nos amarga, nos hace sentir mal, nos deja insatisfechos permanentemente por “aquello” que creemos que si no tenemos nunca estaremos bien, nunca lograremos sentirnos realizados, completos, felices y un largo etcétera de pequeñas insatisfacciones.

Sentir envidia. Envidiar lo que el otro tiene, logra, es, dice, hace y que, por ese ínfimo (o eterno) instante, nos hace sentir incompletos. Carentes de “eso”.

Sin querer llevarlo al extremo, creo que podríamos reconocernos en alguna de estos ejemplos, ¿o no? ¿Crees que existe, como se dice comúnmente, la “envidia sana”? ¿Puede ser sano algo que no te hace sentir bien, o cómodo, o feliz? ¿Crees que en el fondo sentir envidia es una cuestión de propia inseguridad?

Luna & Alma